Mi venerado padre y
señor: Para dar a Vuestra Majestad una prueba de mi amor, de mi obediencia y de
mi sumisión, y para acceder a los deseos que Vuestra Majestad me ha manifestado
reiteradas veces, renuncio mi corona en favor de Vuestra Majestad, deseando que
Vuestra Majestad pueda gozarla por muchos años. Recomiendo a Vuestra Majestad
las personas que me han servido desde el 19 de marzo.
Fernando VII
Su Majestad el rey
Carlos, que no ha tenido en toda su vida otra mira que la felicidad de sus
vasallos, constante en la idea de que todos los actos de un soberano deben
únicamente dirigirse a este fin [...] ha resuelto ceder, como cede por el
presente, todos sus derechos al trono de España y de las Indias a Su Majestad
el emperador Napoleón, como el único que, en el estado a que han llegado las
cosas, puede restablecer el orden; entendiéndose que dicha cesión sólo ha de
tener efecto para hacer gozar a sus vasallos de las condiciones siguientes:
1º. La integridad
del reino será mantenida: el príncipe que el emperador Napoleón juzgue debe
colocar en el trono de España será independiente y los límites de la España no
sufrirán alteración alguna.
2º. La religión
católica, apostólica y romana será la única en España. No se tolerará en su
territorio religión alguna reformada y mucho menos infiel, según el uso
establecido actualmente.
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